Martes, 16 Mayo 2023 10:08

Carlos Beltrán: “El machismo es aún la regla, el feminismo, la excepción”

Carlos Beltrán: “El machismo es aún la regla, el feminismo, la excepción” Foto: Dariodesnivel. Presentación del libro Prohibidas pero no vencidas, en la librería Desnivel de Madrid

El autor de “Prohibidas, pero no vencidas” estuvo el pasado 3 de mayo, de forma telemática, con los miembros del Club de Lectura del SADUS, debatiendo sobre los logros y los desafíos del deporte femenino.

 

Carlos Beltrán relata de forma nutrida la historia oculta del deporte femenino de los siglos XIX y XX. Un recorrido que refleja 20 años de investigación y en el que transitan muchos nombres de deportistas élite que han luchado por la igualdad en el ámbito deportivo.

Dado que, desde el SADUS apostamos por el deporte femenino, hemos dialogado con él para que nos cuente los hallazgos más relevantes de su investigación, qué lo motivó a escribir su tema, cómo puede contribuir el deporte universitario a la igualdad de género, cuál es el panorama que percibe sobre este tipo de deporte, en el siglo XXI y qué consejo daría a las deportistas de la Universidad de Sevilla.

P. Has investigado durante 20 años sobre el deporte femenino. Siendo hombre, ¿cómo se despertó el interés en ti sobre este tema?

R. Ha sido una de las grandes suertes de mi vida. Trabajando para un programa de TVE que se llamaba “Escuela del Deporte”, tenía acceso a un gigantesco archivo audiovisual de inmensa calidad. Preparando un programa sobre los Juegos Olímpicos de Londres de 1948, la documentalista del programa, Elena Lombao, dio con dos reportajes en cine de aquellos años, con los que pude conocer la vida de dos de las más grandes atletas de la historia, Fanny Blankers Cohen, de Países Bajos y Michelline Ostermeyer, de Francia.

Ver en aquellas grabaciones, su modo de vida y su repercusión social, produjo una chispa que me encendió la oscuridad para descubrir todo un mundo maravilloso de deportistas que rompían un prejuicio tras otro, que abrían mentes y caminos, que disfrutaban del deporte mientras lograban acercar a las mujeres a conseguir cuotas de igualdad. En realidad, a las mujeres y a los hombres.

Al tirar del hilo de estas dos atletas, encontré ese mundo, ese movimiento asombroso que no está bautizado aún, pero que es toda una revolución: la gigantesca revolución deportiva de las mujeres de los años 10, 20 y 30 del siglo pasado con la prodigiosa Alice Milliat y sus correligionarias a la cabeza. Y eso terminó de convencerme para continuar cada día investigando y adentrándome un poco más en todo aquello que nunca nos han contado.

P. ¿Cuáles han sido los hallazgos más sorprendentes de tu investigación?

R. En el libro no aparecen todos los acontecimientos asombrosos que me he ido encontrando; pero sí, los que más me han cambiado el modo de mirar y entender la historia del deporte, y por extensión, la historia contemporánea de la humanidad.

¿Sabíais que, en los años 10, en Estados Unidos, había ligas de baloncesto que jugaban exclusivamente mujeres afrodescendientes? ¿Y que pocos años después, ya en los 20, algunas de ellas eran profesionales de ese deporte? Pues así fue, profesionales del baloncesto en los años 20 y en un país con unas leyes segregacionistas asquerosas. Impresionante.

Y antes que ellas, tanto en Europa como en Norteamérica, mujeres profesionales del ciclismo, sí, y que vivían muy bien de montar en bici, a finales del siglo XIX. Investigar sobre ellas ha sido de las cosas más bonitas que me han pasado en la vida. Tillie Anderson, en Estados Unidos, o Helene Dutrieux, en Europa, son dos ejemplos de vida para cualquiera que tenga un mínimo de capacidad de admiración.

También me sorprendió el nacimiento de la natación de competición en el río Támesis, y los intentos de completar grandes travesías, como el Canal de la Mancha o el Mar de los Dardanelos o el Estrecho de Gibraltar. Aquellas mujeres de los años 20 adentrándose en el mar antes del amanecer, con aquellos bañadores y el cuerpo untado en grasa, es de piel de gallina.

Aunque quizá, el hallazgo que más me haya impresionado ha sido el descubrir que todo aquello era un movimiento global, una red social de mujeres deportistas que se estaba expandiendo como una maravillosa mancha de aceite por todo el mundo, con tres puntos cardinales, Francia, Inglaterra y Estados Unidos, pero con la adhesión de las polacas, checas, japonesas, australianas, rusas, alemanas, neozelandesas, canadienses… y españolas, claro. Eso es lo que más me ha sorprendido y también lo que más ha cambiado mi manera de ver el tratamiento que actualmente damos al deporte practicado por mujeres.

P. Tu libro lleva como bandera la necesidad de que exista igualdad en el deporte. Para ello, pones de relieve los desafíos que tuvieron que enfrentar grandes deportistas de los siglos XIX y XX, ¿crees que la brecha entre hombres y mujeres en el ámbito deportivo sigue siendo la misma en el siglo XXI?

R. No es la misma brecha, hay camino recorrido con sus subidas y bajadas. Sin embargo, hay muchas cosas que aún no han cambiado. Quizá la más importante, a mi manera de ver, es la brecha mental. El cambio de mentalidad para apreciar a las mujeres deportistas en un plano de igualdad aún no se ha producido en su totalidad. Quizá en algunas disciplinas, como la gimnasia o el voleibol, ese cambio ya está cerca de ser logrado; pero, en la mayoría, aún queda un camino.

En cuanto a la brecha de participación en el deporte social, los datos están ahí, y aún hay distancia entre unas y otros. Tanto en la práctica como en el reconocimiento de méritos nos queda un largo camino, y aún más, en conseguir el acceso equitativo de las mujeres a los puestos de toma de decisión, ahí la brecha es un talud.

P. ¿Cómo consideras que el deporte universitario puede contribuir a la igualdad?

R. He pensado mucho en eso durante mi vida, el deporte en la universidad en nuestro país no tiene ni por asomo el reconocimiento social que encuentra en otros lugares. Aquí, un joven o una joven deportista no encuentra ese respaldo para continuar con su carrera como deportista, mientras va sacando sus estudios universitarios adelante. De ahí que, universidades que toman la iniciativa de ayudarles, como la de Murcia (UCAM), tengan un cierto éxito y presencia social.

Dentro de este ecosistema que tenemos, creo que las universidades deberían pensar en abrir programas deportivos no competitivos y de deporte colaborativo y a ser posible, mixtos, y, por otro lado, incorporar opciones de competiciones inclusivas y mixtas.

Otro punto que creo que cambiaría algunas cosas es revisar las instalaciones con perspectiva de género. Los caminos desde las paradas de autobús o metro, o desde el parking hasta el centro deportivo universitario, que estén bien iluminados y sean seguros; los vestuarios, que sean agradables y cómodos; las salas y los pabellones, con buena ventilación y que de gusto estar en ellas… Cuidando todos esos detalles que convierten la actividad física en una extraordinaria experiencia se consiguen avances asombrosos en muy poco tiempo.

P. ¿Qué responsabilidad crees que tienen los medios de comunicación, las políticas y la cultura ciudadana en la desigualdad entre hombres y mujeres que se dedican al deporte?

R. Acabas de mencionarme tres claves que han hecho mucho para frenar los avances de la mujer históricamente, y, además, tres claves que se alimentan unas a otras. Los medios de comunicación siempre han tenido espacio para criticar de manera ‘terraplanista’ los avances de las mujeres en el deporte. Tengo una colección de artículos, el primero, de 1891 y el último, de ayer mismo, en el que se demuestra que la ignorancia es muy atrevida y que el famoso constructo social, con todos los estereotipos dentro, tiene un caldo de cultivo extraordinario en los medios de comunicación. El machismo es aún la regla, el feminismo, la excepción.

En cuanto a la política, quizá vaya un poco por delante de los medios en cuanto a situar en un plano suficientemente alto de importancia la necesidad de una igualdad real. Aunque la ola de partidos tardígrados es alarmante. En realidad, es la sociedad, con las mujeres feministas al frente, la que consigue los cambios de mentalidad y a partir de ellos, los cambios sociales.

La cultura global tiene carencias asombrosas, y la más inmensa, un pozo sin fondo, el haber olvidado todo lo realizado a lo largo de la historia por las mujeres. Un olvido que es consecuencia del desprecio primero, y del ocultamiento después.

P. En la Universidad de Sevilla contamos con clubes femeninos de rugby 7 y hockey que juegan en Primera División, otros que son cadetes e infantiles, desde la perspectiva de tu libro, ¿qué mensaje les darías a las jóvenes promesas de nuestros equipos?

R. Les diría que se enterasen bien de quienes fueron Cosntance Applebee, Emily Valentine, Mary Eley, Nita Webbe, Philys Dawson… de todo lo que intentaron y de todo lo que consiguieron hace cien años, de la gran jugadora española de hockey, Margot Moles, que jugaba en el Atlético de Madrid en los años 30, de Marjorie Pollard, fabulosa jugadora de hockey británica que fue la primera comentarista deportiva de la historia. En definitiva, que se alimenten de la cultura deportiva de sus disciplinas y la extiendan más allá de los campos de juego.

Para respetar hay que conocer, si su entorno conociese de dónde viene su pasión y desde cuándo está en marcha, el respeto llevaría a una mayor afición y el camino hacia la igualdad sería más corto.

P. ¿Cómo te parece que desde el SADUS creemos espacios de encuentro con la lectura y el deporte?

R. Una iniciativa soberbia, los buenos libros de literatura deportiva nos hablan de la vida. Lo que conmueve no son las proezas, son los sentimientos y los cambios que esas proezas deportivas han logrado en el entorno de quien las protagoniza. Seguro que quienes vayan incorporándose al grupo se sorprenden con los libros en los que se desentraña el factor humano -como tradujeron Invitus, un gran libro, precisamente-. Subir una montaña es una cosa, sentir el ascenso es otra, lo que va de una guía de alpinismo a Bájame una estrella o Ni de Eva ni de Adán. Dos joyas de la literatura deportiva que os recomiendo.

P. ¿Qué impresiones tuviste tras participar en la tercera sesión de nuestro Club de Lectura, el pasado 3 de mayo?

R. Lo disfruté mucho, me encantó la preparación general del grupo, el nivel de interés, cómo pasamos del asunto que de manera general presento en el libro a lo particular, incluso a lo personal de quienes participaron en la sesión. La lectura es un encuentro con el libro en primer término, pero también con lo que en el libro se ha dejado quien lo ha escrito, y por último es también un encuentro de quien lo lee consigo y con su realidad.

P. ¿Qué libros sobre deporte recomendarías para quienes tienen afición por la lectura de este tipo?

R. Además de los dos que ya os he recomendado, tengo una lista muy extensa de recomendaciones, pero intentaré se lo más selectivo posible. Me gustan especialmente los libros en los que, además de contar una buena historia, se nota que está documentado en profundidad y se narra con soltura y calidad literaria.

Entre estos, recomiendo, La pequeña comunista que no sonreía nunca, de Lola Lafon, sobre la gimnasta rumana Nadia Comaneci; Remando como un solo hombre, de Daniel James Brown, sobre el equipo de remo estadounidense que compitió en Berlín 36; El secreto de Clara Lyndon, de Helene Lizarralde, que rescata la memoria de las raquetistas, las primeras profesionales del deporte en España, en los años 20 y 30; La soledad del corredor de fondo, de Allan Silitou, un relato corto muy clásico que utiliza el deporte como metáfora de la vida; Margot Moles, la gran atleta republicana, de Ignacio Ramos, sobre esta figura deportiva de nivel mundial que triunfó en la España de la segunda república y que fue posteriormente ocultada y olvidada; y Regresar a Maratón, de Miguel Calvo, un tratado sobre la carrera de Maratón, mitad libro de viaje, mitad recopilación de experiencias.

Todos estos libros tienen muchas cosas en común que hacen que traspasen el umbral habitual de la literatura sobre deporte. Son textos cuidados con cariño, incluso con amor, dedicados al alma del deporte y no encerrados exclusivamente en transmitir la peripecia deportiva.

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